Sobre las funciones ejecutivas

SOBRE LAS FUNCIONES EJECUTIVAS

Introducción y conceptualización 

Las funciones ejecutivas son unas de las capacidades cognitivas superiores más desconocidas, y no por ello menos importantes, al contrario. Desde que en los 70´s Luria observara una serie de déficit concretos asociados al daño del Lóbulo Frontal, han sido muchos los autores que han dado una definición de dichas funciones. El sustrato común a todas estas definiciones viene a conceptualizar las Funciones Ejecutivas como aquellos procesos que asocian ideas simples y las combinan hacia la resolución de problemas de alta complejidad, o habilidades implicadas en la generación, la regulación, la ejecución efectiva,  el reajuste de conductas dirigidas a metas y la previsión de consecuencias tanto inmediatas como a medio y largo plazo, en definitiva, aquellas capacidades que nos permiten desenvolvernos con creatividad y eficacia en un mundo complejo y cambiante.

Cuando se habla de la regulación de la conducta por parte de las funciones ejecutivas no sólo nos referimos a conducta motora o conducta visible, estas funciones también participan en la regulación y control de aspectos socio-emocionales (como mantener un tono afectivo adecuado a una determinada situación social) y cognitivos (por ejemplo, planear con anticipación las necesidades propias de una jornada laboral). Una característica fundamental de las funciones ejecutivas, es que son capaces de integrar inputs externos e inputs internos, es decir, la información que proviene del ambiente del sujeto con la información tanto emocional como la que tiene su origen en los almacenes mnésicos del sujeto, con el fin de emitir una respuesta o output adecuado a las exigencias del medio.

Los principales componentes de las funciones ejecutivas son: velocidad de procesamiento, memoria de trabajo (actualización, mantenimiento y manipulación de la información), acceso a la memoria semántica (verbal y visual), ejecución dual, inhibición y control de interferencia, flexibilidad cognitiva, planificación, multitarea, y toma de decisiones.

Para llevar a cabo la evaluación de las funciones ejecutivas se puede recurrir a baterías creadas específicamente para tal fin o por el contrario, seleccionar pruebas individuales con el objetivo de crear un protocolo de evaluación del funcionamiento ejecutivo adaptado a las necesidades del paciente y que cubra todos los componentes de las funciones ejecutivas. De cualquier forma, al enfrentarnos a la evaluación de las funciones ejecutivas, hemos de partir de un modelo conceptual que contemple los diferentes componentes de las mismas y que nos guíe o ayude a realizar una evaluación sistematizada del funcionamiento ejecutivo.

Aunque en la teoría se haga una distinción entre funciones cognitivas, como la atención, la memoria, o las mismas funciones ejecutivas, en la práctica esta distinción no tiene unos límites tan definidos. Existe cierto grado de solapamiento en el funcionamiento de todas ellas. Así, las funciones ejecutivas son un mecanismo supramodal e intertemporal de procesamiento de información que mantiene relaciones bidireccionales con otras funciones cerebrales, es decir, el funcionamiento ejecutivo puede influir a los procesos mnésicos y atencionales, y viceversa, con el fin último de integrar información y optimizar la ejecución en la consecución de metas.

Sustratos cerebrales

La alteración en el funcionamiento ejecutivo se ha considerado asociada a un daño localizado en el Córtex Prefrontal. No obstante, hay que tener en cuenta que dicha región cerebral es una de las más numerosa y complejamente interconectadas, estableciendo conexiones con lóbulos parietales, temporales, regiones límbicas, ganglios basales y cerebelo. Luego, dejando a un lado la teoría tradicional localizacionista podríamos concluir que el sustrato cerebral de las funciones ejecutivas quizás se encuentra en los circuitos neuronales distribuidos en los que participa la corteza prefrontal. A continuación, se describe brevemente las divisiones del córtex prefrontal, la clínica asociada a cada una de ellas, y los circuitos en los que participa:

– Corteza Prefrontal Dorsolateral (CPDL). Las funciones que se le atribuyen son: planificación, memoria trabajo, fluidez (verbal y visual), solución de problemas, generación de hipótesis, seriación y secuenciación. Frente a un daño en CPDL nos encontraríamos con un paciente ‘desorganizado’, con trastornos de la programación motora, perseveración, disminución de la fluidez verbal, indiferencia, afectación de la memoria, atención, funciones ejecutivas.

– Corteza Orbitofrontal (COF). Participa en: la regulación de emociones, estados afectivos y la conducta, toma de decisiones, detección de situaciones y condiciones de riesgo, y en el procesamiento de matices positivos y negativos de las emociones. Con un daño en el COF tendríamos a un paciente desinhibido con un comportamiento impulsivo e irritable, alteración del juicio, falta de empatía, problemas en la toma de decisiones, y distractibilidad.

– Corteza Prefrontal Medial (CPM). Participa en la inhibición, la regulación y esfuerzo atencional, la  motivación, detección del error, y en la consistencia temporal de las reacciones motoras. Los pacientes con daño en CPM se muestran apáticos, con afectación de las capacidades volitivas, pérdida de la espontaneidad, falta de iniciativa e interés, escasa motivación, y dificultad para el control de interferencias.

Además, en la corteza prefrontal podemos diferenciar también la Corteza Prefrontal Anterior que participa en la Metacognición, autoevaluación, control de la actividad en base al desempeño continuo, y en  la Teoría de la mente.

Como se ha dicho antes, estas regiones del córtex prefrontal participan en circuitos más amplios, cuya lesión puede hacer que aparezcan déficits o alteraciones similares a un daño focal prefrontal. Estos circuitos son:

– Circuito frontal dorsolateral: incluye córtex dorsolateral –> núcleo caudado dorsolateral         –> globo pálido dorsomedial lateral –> núcleo dorsomedial y ventral anterior del tálamo   –> córtex dorsolateral.

– Circuito frontal orbitolateral: córtex orbital lateral prefrontal –> Caudado ventromedial  –> Globo pálido (dorsomedial medial) –> Tálamo (ventral anterior) –> córtex orbital lateral prefrontal.

– Circuito cingular anterior: Cingulado anterior –> Núcleo Accumbens –> Globo pálido (rostrolateral) –> Tálamo (Medial dorsal) –> Cingulado anterior.

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