Procesos atencionales

PROCESOS ATENCIONALES

Es común que en conversaciones de nuestro día a día nos topemos con la palabra “Atención”, por ejemplo, “no prestas atención cuando te hablo” y tantos otros ejemplos. De esta forma, todos tenemos una noción o un conocimiento más o menos intuitivo de lo que es la atención y lo que significa su puesta en acción, sin embargo, dar una definición sobre la misma no es ninguna tarea sencilla, de hecho, es difícil. Quizás esta dificultad resida en que eso que llamamos atención sea un proceso mucho más complejo de lo que se pueda pensar a simple vista. La atención no es un proceso unitario sino que está compuesto por múltiples elementos, como la orientación, la exploración, la concentración o la vigilancia, y no sólo por estos elementos funcionales o subprocesos, sino que además, son múltiples las localizaciones cerebrales que subyacen a los procesos atencionales. A grandes rasgos, dichas localizaciones son el sistema reticular activador, tálamo, sistema límbico, ganglios basales (estriado), córtex parietal posterior y córtex prefrontal (aunque en realidad, la base neuroanatómica de la atención es muchísimo más compleja). La atención es una función bilateralizada, sin embargo, existen diferencias entre el funcionamiento de ambos hemisferios cerebrales. Así, el Hemisferio Izquierdo ejerce un control unilateral contralateral, es decir, controla el hemicampo derecho, mientras que el Hemisferio Derecho asume más “peso” en los procesos atencionales y ejerce un control bilateral, además de regular el sistema de arousal y mantener el estado de alerta.

Una posible definición sencilla de atención podría ser:

“habilidad o capacidad cognitiva que nos permite la adecuada selección y procesamiento de información relevante en un entorno multiestimular y complejo. Este entorno es tanto externo como interno, es decir, se incluyen nuestras emociones, memorias, pensamientos y actos motores”.

Son varios los modelos teóricos que se han propuesto sobre la Atención. Los más destacados son el de Posner y Petersen (1990), el de Norman y Shallice (1986), el de Corbetta y Shulman (2002), y el de Sohlberg y Mateer (1987, 1989), este último, derivado de la investigación clínica, siendo el más empleado en el ámbito de la neuropsicología clínica.

A modo de resumen, se puede decir que existe un cierto acuerdo en que hay tres sistemas o redes funcionales de la atención que serían relativamente independientes entre sí, aunque actuarían de forma coordinada. Estas redes se conocen como red de alerta, red de orientación y red ejecutiva.

–  Red de alerta o “Arousal, tiene como función incrementar y mantener el estado de activación general de modo que nos mantiene preparados ante la posible aparición de un estímulo y la emisión de una respuesta consecuente. Esta red es dependiente de la integridad del sistema reticular mesencefálico y de sus influencias subcorticales y corticales.

–  Red de orientación, se refiere a la capacidad de seleccionar información específica de entre los múltiples estímulos o características atendidas, además, de orientar la atención hacia localizaciones particulares en el espacio en detrimento de otras. Dependería de la integridad de zonas del córtex parietal posterior derecho y sus conexiones corticales y subcorticales.

–  Red ejecutiva, se encarga de reclutar y controlar las áreas cerebrales necesarias para ejecutar tareas cognitivas complejas. Constituye un tipo de atención que se pone en marcha en situaciones que requieren un procesamiento complejo y controlado como la planificación, la toma de decisiones no automáticas, la detección de errores, respuestas nuevas o no consolidadas y en situaciones de difícil solución. Estaría integrado por zonas del cingulado anterior, prefrontales laterales y el núcleo caudado del neoestriado.

Esta clasificación de la atención en redes o sistemas es útil para ayudarnos a comprender cómo se organizan los procesos atencionales pero no resulta ser la más práctica en el trabajo clínico, por lo que se tiende a usar la conceptualización de la atención realizada por Sohlberg y Mateer, quienes  a partir de la experiencia clínica, desarrollaron su modelo de la atención. Este modelo es de tipo jerárquico, es decir, cada nivel atencional requiere del correcto funcionamiento del anterior, y además, cada nivel es más complejo que el precedente. Hay otros modelos clínicos de la atención pero este es el más extendido y quizás también el más completo. Dicho modelo propone seis componentes atencionales, que a fin de cuentas son los que evaluará un Neuropsicólogo en su práctica diaria. Estos son:

–  Arousal. Capacidad de estar despierto y de mantener la alerta. Implica la capacidad de seguir órdenes o estímulos. Es la activación general del organismo.

–  Atención focal. Habilidad para enfocar la atención a un estímulo visual, auditivo o táctil.

–  Atención sostenida. Capacidad de mantener una respuesta de forma consistente durante un periodo de tiempo prolongado.

–  Atención selectiva. Capacidad para seleccionar, de entre varias posibles, la información relevante a procesar o el esquema de acción apropiado (inhibiendo la atención de unos estímulos mientras se atiende a otros).

–  Atención alternante. Capacidad que permite cambiar el foco de atención de forma sucesiva entre tareas que implican requerimientos cognitivos diferentes.

–  Atención dividida. Capacidad para atender a dos estímulos al mismo tiempo. Habilidad para distribuir los recursos atencionales entre diferentes tareas.

Un componente del funcionamiento cognitivo muy relacionado con los procesos atencionales y que no puede dejarse fuera cuando se estudia la atención, es la velocidad de procesamiento de la información. Ésta mantiene una relación directa con el correcto funcionamiento de los procesos atencionales, por lo que a la hora de evaluar las alteraciones atencionales es importante discernir entre lo que es puramente un déficit atencional de lo que podría ser un déficit causado por un enlentecimiento en el procesamiento de la información (Ríos, Periáñez y Muñoz-Céspedes, 2004).

De alguna forma, la atención se puede considerar como la puerta de entrada de información, con portero incluido, al cerebro. Regula la entrada de información al sistema, dejando fuera aquella que no es relevante y permitiendo pasar a la información útil, preparando además al sistema para el posterior tratamiento de dicha información. Luego, no es un simple filtro pasivo, si no que se integra en un conjunto de procesos muy complejos que dan sentido a los estímulos que recibimos. Su correcto desempeño es un prerrequisito para el normal funcionamiento del resto de funciones cognitivas. Por poner un ejemplo, si no prestamos atención a la información que se nos presenta (digamos una película en la tele), impidiendo así un procesamiento inicial y mínimo de la misma, ¿cómo podríamos después acordarnos de ella?

La importancia de la integridad de los procesos atencionales se observa claramente durante el proceso rehabilitador tras un daño cerebral adquirido. En el caso más extremo, si el nivel de arousal del paciente es nulo o mínimo, nos encontraríamos con una persona “dormida o casi dormida” dificultando la realización de cualquier tarea que implique la participación del resto de funciones cognitivas. Dedicaré una entrada  aparte a la alteración de esta función cognitiva, sus consecuencias, y su evaluación.

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5 respuestas a Procesos atencionales

  1. Pingback: ACTIVADORES DE APRENDIZAJE | masesu

  2. CLARIBEL dijo:

    NO LE ENTIENDO

  3. MarijoP dijo:

    Disculpa porciacaso no sabes cuales son los sintomas propios de cada sistema atencional que se visualizarían en un paciente. Sistema de alerta, sistema de orientación, sistema ejecutivo, sistema motivacional

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