La memoria de trabajo o el misterio de la Santísima Neurotrinidad

La memoria de trabajo o el misterio de la Santísima Neurotrinidad

 Que Dios es uno y trino, no es cuestión fácil de explicar, tan sólo es cuestión de fe, sin embargo, el misterio de la memoria de trabajo no es cuestión de fe, sino de ciencia, de neurociencia concretamente.

A diario vemos cómo los neuropsicólogos nos peleamos, literalmente, con el concepto de memoria de trabajo (MT), y me temo que la mayor parte de las veces el combate lo gana la susodicha memoria de trabajo, uno de tantos talones de Aquiles teóricos del neuropsicólogo. Si no la conocemos bien jamás le venceremos, ya se sabe, para acabar con tu adversario, conócelo a fondo. Pero esta máxima no la ponemos siempre en acción, a veces nos dejamos arrastrar por la corriente y terminamos denominando a las cosas por nombres erróneos o, cuanto menos, inexactos. En este caso, la corriente se materializa en la palabra memoria, de memoria de trabajo. Si nos dejamos llevar, y  la tratamos como tal, es decir, como memoria o memoria a corto plazo, en cualquiera de sus variantes, auditiva, visual o espacial,  caemos en un craso error.

El hecho de que esta función cognitiva contenga el nombre de memoria se debe a motivos que se remontan a los tiempos en que se empezaba a desarrollar la neuropsicología, cuando todas estas cuestiones eran nuevas, y aún faltaba vocabulario para denominarlas y se tiraba de lo que había, de la psicología cognitiva. Luego, un primer paso para evitar toda esta confusión que genera podría ser cambiarle el nombre, ya sé que no supone un gran paso teórico o conceptual, pero por algo se empieza. En algunos trabajos he podido leer que proponen el nombre de “atención operativa”, bueno… me temo que tampoco será la solución aclaratoria definitiva, aunque podría ser un primer paso.

La confusión en este tema puede venir, o más bien viene, de que la memoria de trabajo también parece ser trina (tres en uno), o al menos esa es la sensación que nos da cuando leemos los manuales de neuropsicología, ya que aparece en los capítulos referidos a la atención, en los de memoria, y en los de funciones ejecutivas. Vaya lío, ¿en qué quedamos entonces?

La práctica clínica nos ofrece en muchas ocasiones respuestas a problemas teóricos. ¿Han podido observar a un paciente con graves problemas de memoria tras una encefalitis herpética? Estos problemas de memoria hacen referencia a un déficit severo en memoria anterógrada inmediata y demorada en cualquier modalidad estimular (espacial, visual, verbal, no verbal, numérica, auditiva, escrita, etc,…). Es cierto que no se puede generalizar en neuropsicología en lo que respecta a casos clínicos, n siempre=1, pero hoy me voy a tirar a la piscina. En casos de encefalitis se puede observar una clara separación de funciones cognitivas, ya que el daño o las secuelas son muy selectivas. Si han tenido la oportunidad de ver un paciente así habrán podido observar que la memoria a corto plazo se encuentra afectada, el tiempo que retienen el material a recordar es muy breve, mucho menor de lo normal. También se puede observar que el volumen mnésico se encuentra reducido, ni de lejos llega a los 7-9 ítems que puede almacenar un sujeto sano. Sin embargo, ¿en qué estado se encontrará su memoria de trabajo? Si ésta fuera memoria a secas se encontraría afectada o disminuida, nada más lejos de la realidad, no tiene porqué ser así. Este hecho se puede observar mediante una evaluación neuropsicológica, en la que vemos cómo un paciente puede ejecutar de forma notable una o varias pruebas de memoria de trabajo pero fracasar irremediablemente en las de memoria a corto plazo, incluso empleando la misma modalidad estimular. Esta disociación entre memoria a corto plazo y memoria de trabajo también se ha encontrado en algunos trabajos con niños con TDAH. Luego, desde este momento descartaría una de las caras de la memoria de trabajo, concretamente la de la memoria. Memoria de trabajo ≠ Memoria a corto plazo.

Ni que decir tiene que esta disociación tiene claras e importantes implicaciones clínicas, no es una cuestión que se quede o se deba quedar en lo teórico. A la hora de evaluar y rehabilitar, estimular, o trabajar en nuestras consultas, hemos de tener clara esta disociación, ya que la memoria de trabajo está estrechamente relacionada con otras tareas cognitivas complejas como la comprensión lectora, la resolución de problemas o medidas del coeficiente de inteligencia, luego, no debemos dejar de trabajarla con nuestros pacientes, y menos aún, reducirla a la menos compleja memoria a corto plazo.

Es un tema difícil de tratar, al menos para mí. Tirando del hilo de los autores que han propuesto modelos teóricos o que se han ocupado de esta función cognitiva, se puede uno remontar hasta 1960, lo que muestra que la MT lleva más de cuatro décadas trayendo de cabeza a más de uno, incluso el mismísimo Baddeley parece que se ha llevado más de un disgusto en su estudio. Una buena descripción de memoria de trabajo sería aquella que la define como un sistema que mantiene y manipula la información de manera temporal, interviniendo en importantes procesos cognitivos, como la comprensión del lenguaje, la lectura, el razonamiento, etc…, donde el Ejecutivo Central o Sistema Atencional Supervisor juega un papel fundamental.  De esta definición podemos concluir que estamos tratando con algo más que con un simple proceso de almacenamiento de información. Aquí entra la siguiente cuestión, la diferenciación entre memoria de trabajo como función atencional o como función ejecutiva, la tarea no resulta tan sencilla como para la memoria.

En cuanto a la atención, según  Baddeley: ‘el término memoria de trabajo es un nombre inapropiado que refleja el hecho de que el modelo evolucionó del concepto más limitado de MCP, ya que este sistema depende de forma crucial de los sistemas de control atencional’. El Modelo de Ríos, Periáñez y Céspedes sobre la atención propone cuatro componentes para explicar los mecanismos que subyacen al control atencional: control de la interferencia, flexibilidad cognitiva y memoria operativa, al que le suman la velocidad de procesamiento como medida del funcionamiento general del sistema. Luego, se intuye que nos están diciendo que la memoria de trabajo tiene algo que ver con la atención. Sin embargo, me parece más bien que la memoria de trabajo es una capacidad necesaria para que se dé un adecuado funcionamiento de la atención, más que ser parte integrante de ella. Por ende, aunque muy relacionadas, la memoria de trabajo no se considera tampoco atención. Esto me lleva a pensar que si renombran a la memoria de trabajo como “atención operativa” íbamos a salir de un entuerto para meternos en otro parecido. Qué bien me vendría una clase magistral del señor Javier Tirapu sobre este asunto.Componentes de la Memoria de trabajo

Por descarte nos quedan las funciones ejecutivas. El modelo más extendido hoy día sobre la memoria de trabajo propone que ésta estaría formada por varios componentes: el bucle fonológico, la agenda visuoespacial, el buffer episódico, y el Sistema Atencional Supervisor (SAS) o Sistema Ejecutivo Central (SEC). Sólo trataré el último de estos componentes SAS/SEC, ya que es dónde se encuentra la madre del cordero, los otros tres no son procesos ejecutivos pero se consideran sistemas subsidiarios o esclavos del SAS/SEC. Partiendo de lo propuesto por Tirapu et al., al SAS/SEC se le atribuyen seis funciones, todas ellas serían componentes de las funciones ejecutivas, y son:

  • Codificación/mantenimiento de información cuando se saturan los sistemas esclavos (bucle y agenda).
  • Mantenimiento/actualización como capacidad del SEC/SAS para actualizar y mantener la información.
  • Mantenimiento y manipulación de la información
  • Ejecución dual, entendida como la capacidad para trabajar con bucle y agenda simultáneamente
  • Inhibición como capacidad de inhibir estímulos irrelevantes.
  • Alternancia cognitiva, que incluye procesos de mantenimiento, inhibición y actualización de sets o criterios cognitivos.Modelo de Memoria de Trabajo

Vistos así, bien ordenados y separados estos componentes de las funciones ejecutivas, ya podemos reconocer fácilmente entre ellos las características del modelo que propone Baddeley para la memoria de trabajo (MT): la MT es un sistema que mantiene y manipula temporalmente la información, por lo que interviene en la realización de importantes tareas cognitivas, tales como la comprensión del lenguaje, lectura, pensamiento, etc…”. Luego, ahora sí, parece que la MT nos encaja bien en las funciones ejecutivas. Aunque, igualmente me parece que es un concepto o función que transciende a lo ejecutivo y va más allá, entremezclándose con otras funciones y capacidades cognitivas.

No voy a darle más vueltas a este asunto porque podría volver a hacerme un lío o surgirme nuevas dudas, lo dejo así, aunque el tema del SAS no están simple como yo lo he expuesto aquí. A su vez, debido a la extensión y espesura de la entrada, no  he querido entrar en la neuroanatomía de la MT, se hubiera alargado demasiado, aunque no descarto hacerlo en un futuro, si las obligaciones me dejan tiempo.

Parece ser que después de todo no es tanto el misterio que rodea a la memoria de trabajo, aunque, sí que se puede decir que hay un poco de lío a su alrededor, que no es un concepto que a simple vista se vea claro y “limpio”, tanto por su nombre como por su participación en procesos atencionales o la nueva denominación que por ahí se apunta, “atención operativa”, pero con las cosas del cerebro y de las funciones cognitivas ya se sabe, todo está relacionado con casi todo, e intentar separar las cosas y ponerlas en compartimentos estancos es cuestión difícil, y quizás, poco fructífera más allá de la propia comprensión general del asunto tratado.

                                                                                              Fdo: http://www.neurobase.es

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