Un repaso al paradigma de tarea dual desde la neuropsicología (1ª parte)

Un repaso al paradigma de tarea dual desde la neuropsicología (1ª parte)

Ángel L. Martínez Nogueras

El tema de las tareas duales va dejando ya de ser una novedad para convertirse en un asunto habitual de estudio y aplicación en el ámbito de la neurorrehabilitación, en general, y en el de la neuropsicología, en particular. En esta entrada haremos un repaso general al paradigma de tarea dual desde la perspectiva de la neuropsicología, es decir, se hará especial hincapié en los aspectos cognitivos que intervienen en la realización de dichas tareas, en contraposición a la mayoría de los artículos publicados sobre tareas duales, cuyas principales variables de estudio suelen ser motoras, tratando a las cognitivas como covariables susceptibles de interferir o modular el desempeño motor de los sujetos de estudio, pero sin profundizar en su estudio ni concretar las posibles variaciones del rendimiento cognitivo al ser modulado, a su vez, por los requerimientos motores de las tareas experimentales.

Empecemos por definir qué es una tarea dual. McIsaac (2015) define las tareas duales como “la realización simultánea de dos tareas que pueden ser realizadas de forma independiente, medidas separadamente, y que tienen distintos objetivos”. Estas pueden consistir en la combinación de tareas emocionales, cognitivas y motoras. No obstante, al revisar la literatura publicada al respecto, el tipo de tarea dual más utilizada es el que combina tareas motoras con cognitivas, que será el que ocupe las líneas que siguen. En cuanto a la población en la que se han estudiado las tareas duales, es tan variada como los tipos de pacientes que vemos día a día en nuestras consultas, por ejemplo, Parkinson (Raffegeau et al., 2019), Enfermedad de Huntington (Vaportzis et al., 2015; Fritz et al., 2016), Esclerosis Múltiple (Wajda y Sosnoff, 2015), enfermedad cerebrovascular (Plummer et al., 2013), traumatismo craneoencefálico (Rachal et al, 2019), deterioro cognitivo leve y Alzheimer (Montero Odasso et al., 2017), adultos mayores (Auvinet et al., 2017; Li et al., 2018), e incluso, niños con TDAH (Manicolo et al., 2017).

El valor informativo y clínico de las tareas duales está fuera de toda duda, ya que suponen un acercamiento entre la vida cotidiana y el entorno clínico de nuestras consultas, es decir, añaden validez ecológica a nuestro trabajo. Por ilustrar la idea, lo habitual es que durante el día realicemos tareas que requieran integración entre cognición y movimiento, como, por ejemplo, caminar por la calle atendiendo al tráfico y manteniendo una conversación con quien nos acompaña, o estar andando por el supermercado mientras recordamos los productos que queremos comprar y los discriminamos del resto que están expuestos en las estanterías, y un largo etcétera. Pocas veces, por no decir ninguna, nos moveremos sin ninguna intención, sin objetivo concreto o desencadenante, o con la cognición en modo stand by. Por tanto, ¿Por qué no trasladar esta realidad a la evaluación y rehabilitación neuropsicológica?, ¿Por costumbre o tradición de evaluar a los pacientes sentados?, ¿Por qué sería un objetivo complejo de alcanzar? Ni me voy a molestar en contestar a estas preguntas, la ciencia no se basa en la costumbre.

Como ocurre con otros asuntos en neuropsicología, aún no sabemos muy bien qué mecanismos cerebrales y cognitivos se ponen en marcha durante la realización de una tarea dual. Nótese que la neuropsicología ha dedicado escasos esfuerzos al estudio del movimiento, al menos hasta ahora. Para tratar de esclarecer la relación e influencia mutua entre cognición y movimiento se ha creado el paradigma de tarea dual, que emplea un concepto llamado Interferencia cognitivo-motora (ICM), o Cognitive-motor interference (CMI) en inglés, que ocurre cuando realizamos de forma simultánea una actividad que implica carga cognitiva y motora, y cuyos resultados pueden mostrar un deterioro en el nivel de ejecución en uno de estos dos aspectos, o en ambos, en relación a la ejecución de la tarea cognitiva y motora por separado (Abernethy, 1988). La Interferencia cognitivo-motora se concreta en la medida de Coste de Respuesta (Dual Task Cost), que refleja el porcentaje cambio de una respuesta en condición dual respecto a la simple. Que no engañe el término “Coste”, leído así pareciera que siempre se paga un peaje cognitivo o motor al realizar tareas duales, sin embargo, no ocurre siempre así, también puede haber una ganancia en el rendimiento cognitivo y/o motor al realizar una tarea dual con respecto a las tareas simples correspondientes (ver figura 1). Más allá de esto, si revisan la bibliografía podrán comprobar que la gran mayoría de los trabajos centran su atención en el coste de respuesta motor, ignorando la variación en el rendimiento cognitivo, por lo que, en la última parte de esta entrada se abordará esta carencia con datos extraídos de un estudio propio.

DTE

Vamos a ir concretando. Un ejemplo de valoración mediante tarea dual es aquella que combina una tarea cognitiva, como restar desde una determinada cifra, con una tarea motora, como caminar una distancia o un tiempo determinado. En este caso, primero se realizan y valoran la tarea cognitiva y motora de forma independiente, y, acto seguido, se aúnan la marcha y la sustracción en la correspondiente tarea dual, es decir, pasamos a valorar la ejecución del paciente mientras camina y realiza sustracciones en voz alta. De esta forma, podemos valorar la interferencia cognitivo-motora y clasificarla en una de las 9 posibles situaciones que recoge la figura 1, o en forma de gráfica en la figura 2. También se pueden encontrar trabajos publicados que emplean tareas motoras de equilibrio, de control postural, manipulación manual o bimanual, de tapping, junto a cognitivas como fluidez verbal, tiempos de reacción, memoria, memoria de trabajo, velocidad de procesamiento, atención selectiva o control de inhibición (Kelly et al., 2012, Leone et al., 2017).

Cuadro ICM

Figura 1. Se recogen los 9 posibles resultados de la valoración de un paciente mediante tarea dual, clasificados en función de la ejecución tarea motora y cognitiva en la condición dual respecto a la condición simple. Adaptado de Plummer-D’Amato, et al., 2012.

 

Gráfico ICM

Figura 2. Patrones de interferencia cognitivo-motora. Extraído de Plummer et al., 2014

 

En general, las teorías que se han propuesto para explicar los posibles mecanismos que subyacen a la realización de tareas duales suelen conceptualizar la interferencia cognitivo-motora como una situación en la que se produciría una competición tanto por los recursos atencionales y ejecutivos como por las vías neurales (recursos cerebrales) encargadas del procesamiento de la información (Leone et al., 2017). Según indican Montero Odasso y Hachinski (2014), el control motor y las funciones ejecutivas podrían compartir redes cerebrales, asociándose la realización de tareas duales a cambios en la activación de la vía motora indirecta y la red fronto-parietal (córtex prefrontal dorsolateral, córtex cingulado, áreas parietales y la ínsula (figura 3)) (McIsaac et al, 2018), junto a regiones como la vermis y el lóbulo V del cerebelo, que podrían participar facilitando la integración y la regulación de la actividad de redes cerebrales cognitivas y motoras, con el fin de lograr una actividad neural eficiente y el mantenimiento de un nivel adecuado de ejecución durante la realización de tareas duales (Wu et al., 2013; Gao et al., 2017; Leone et al., 2017). El cerebelo es como el Espíritu Santo, está en todos sitios (Koziol et al., 2014, Caligiore et al., 2017). En cuanto a las teorías explicativas de las tareas duales, las más extendidas son (figura 4): 1) Capacity-Sharing theories; 2) Bottleneck theories; 3) Cross-Talk model; 4) Time-Sharing Hypothesis. Para no incrementar la extensión de este texto no voy a describir cada teoría, pero se pueden consultar en la revisión publicada por Bayot (2018).

 

Redes

Figura 3. A la izquierda se pueden observar las redes cerebrales fronto-parietal y cíngulo-opercular de control atencional, propuestas por Dosenbach (2008). A la derecha las áreas corticales relacionadas con el control motor.

 

Teorías

     Figura 4. Principales teorías explicativas de las tareas duales, extraído de Bayot et al., 2018.

 

Llevando el tema de la interferencia cognitivo-motora al día a día de la práctica clínica, debemos tener en cuenta que muchos de nuestros pacientes, junto a los déficits cognitivos, emocionales y conductuales habituales tras un daño cerebral, suelen presentar alteraciones sensitivas del tacto, dolor, temperatura y/o propiocepción, y motoras como paresias, plejias, espasticidad y alteraciones del tono muscular, que repercuten en el control y mantenimiento postural tanto en sedestación, como en bipedestación y durante la marcha, lo que puede complicar sobremanera el análisis de la relación entre cognición y movimiento. Obviamente, dada la naturaleza de las tareas duales, es altamente recomendable diseñarlas y llevarlas a cabo en coordinación entre un equipo de neurorrehabilitación, ya que es necesario un adecuado conocimiento, control y valoración de las variables motoras. En esto es clave la colaboración con un fisioterapeuta especializado en neurofisioterapia. Si tenéis la suerte de trabajar en un verdadero equipo de neurorrehabilitación os encontraréis inmersos en un entorno profesional enriquecido que invita a crecer profesionalmente a los neuropsicólogos, ya que se os pondrá en bandeja de oro traspasar las limitaciones conceptuales y técnicas inherentes a nuestra disciplina, al poder ver al paciente en otro entorno y realizando otro tipo de tareas de neurorrehabilitación. Y si, no me miren así, he dicho limitaciones, todas las disciplinas las tienen, sólo están ahí para acabar con ellas, al igual que con el conocimiento por costumbre.

El control motor depende de forma conjunta y coordinada tanto de procesos automáticos como de procesos de control atencional/ejecutivo voluntarios, de ambos a la vez, y, en función tanto de las demandas de la tarea y del entorno como de las capacidades personales, la balanza se inclina más hacia unos procesos o hacia otros. Por ejemplo, si vas caminando por la calle y cambia la inclinación, la concurrencia de peatones, la profundidad de la conversación, o aparecen escaleras, obstáculos, etc., los procesos cognitivos se coordinan con los motores para ajustar la marcha y la respuesta del sujeto al entorno. Esta capacidad para ajustar y priorizar la participación de unos u otros procesos es clave para desenvolvernos de forma segura y efectiva en el día a día. En sujetos sanos estos ajustes cognitivos y motores se producen de forma automática, inmediata y equilibrada o, si la dificultad de la tarea así lo requiriese, se reclutan recursos cognitivos de forma voluntaria, ¿Alguna vez habéis bajado el volumen de la música del coche en el momento de realizar alguna maniobra más complicada? Sin embargo, cuando se produce una lesión cerebral dicha automaticidad, inmediatez y equilibrio se pierden, y procesos cognitivos como atención alternante, flexibilidad cognitiva, control de inhibición, memoria de trabajo, junto a velocidad de procesamiento de la información, incrementan su influencia sobre el control motor (Clark, 2015; Bayot et al., 2018) (figura 5). A lo anterior habría que añadirle la elevada probabilidad de que nuestros pacientes con lesión neurológica presenten déficits en el rendimiento de dichos procesos cognitivos, por lo que pueden ustedes imaginarse la dificultad añadida para desenvolverse en su día a día al tener que poner parte de dichos procesos cognitivos, deficitarios de por sí, también al servicio del control motor. Lo anterior se puede observar en pacientes con daño cerebral que empiezan a dar sus primeros pasos durante el proceso de neurorrehabilitación, verán que caminan casi mirando al suelo, pendientes de cada uno de sus pasos, ignorando el entorno y las instrucciones o conversación del terapeuta, aumentado, a la vez, el consiguiente riesgo añadido de sufrir tropiezos, golpes o caídas (Segev-Jacubovski et al., 2011). O, también en otro tipo de tareas motoras, por ejemplo, durante un ejercicio de entrenamiento del control y posicionamiento del tronco, en las que, al incluir alguna actividad con cierto nivel de carga cognitiva, que supere mínimamente sus capacidades, se puede observar como el paciente pierde la verticalidad o se encorva mientras realiza dicha tarea cognitiva. Literalmente, para lograr el éxito en la tarea de marcha o de control postural el paciente está consumiendo parte de sus limitados recursos atencionales y ejecutivos, lo que a todas luces supone una estrategia escasamente adaptativa. Por tanto, será trabajo del equipo de neurorrehabilitación devolver la fluidez y el equilibrio a la relación entre cognición y movimiento, “reautomatizando” procesos motores y devolviendo los recursos atencionales y ejecutivos a su debido lugar, es decir, a controlar las circunstancias, peligros o situaciones cambiantes del entorno para permitir un óptimo ajuste de la conducta a las contingencias que puedan surgir.

 

Automaticidad

Figura 5. Representación gráfica y factores que conducen a la pérdida de automaticidad en el control motor en favor del ejecutivo. Tomado de Clark (2015).

 

En las situaciones descritas en el párrafo anterior, más que una competición por recursos cerebrales entre cognición y movimiento, parecería que los recursos cognitivos acudieran al rescate de los motores para permitir, aunque sea, una mínima capacidad de movimiento y funcionalidad del paciente. De hecho, esto me lleva a pensar en el encéfalo como un sistema más colaborativo que competitivo. Tanto de los trabajos sobre tareas duales, como de otros estudios, como, por ejemplo, las investigaciones básicas y aplicadas sobre neuroplasticidad y neurorrehabilitación (Nudo, 2013; Maier et al., 2019), se puede extraer la idea de un cerebro “superviviente”, que más que estar compuesto por sistemas competitivos (véase cognitivo versus motor en tareas duales), conformaría un sistema global que administra y emplea de la mejor forma posible los limitados recursos disponibles en cada momento, no sólo ya para garantizar la supervivencia del individuo, o, al menos, el mejor estado posible de funcionamiento y adaptación al entorno, sino también, la supervivencia fisiológica del tejido cerebral en riesgo de degeneración por la posible desaferenciación y pérdida de función ocasionadas por las lesiones cerebrales (Singh et al., 2018). También creo, sigo en el terreno de la opinión, que la observación del curso de recuperación de los pacientes tras un daño cerebral revela esta cualidad cooperativa, ya que los sistemas afectados/debilitados van recuperando poco a poco parte de su función, y esto no podría ser posible sin la ayuda, o, al menos permisividad, del resto de sistemas que ganaron relevancia y fuerza tras la lesión a costa de los primeros. Por tanto, si hubiera competición en lugar de cooperación, a modo de una jungla donde existiera una feroz competición entre especies o individuos por los recursos disponibles, los sistemas afectados, y, por tanto, más débiles, tendrían muy difícil volver a recuperar tanto su representación neuroanatómica como su función perdida frente a los sistemas fortalecidos. En dicho caso, la neurorrehabilitación tendría que dirigirse por fuerza y en exclusiva a la compensación de la función y la modificación del entorno, y nunca a la recuperación de la función. Baste con anotar aquí que la rehabilitación neuropsicológica asume entre sus objetivos la recuperación de la función.

Con respecto a su utilidad clínica, hay quien defiende, incluido el que escribe estas líneas, que la incorporación de tareas duales a la evaluación y rehabilitación neuropsicológica podría hacer que estas ganasen en validez ecológica, ya que una capacidad disminuida para realizar tareas duales podría relacionarse con verdaderas dificultades del paciente para llevar a cabo tareas funcionales en su entorno natural, que inevitablemente le plantea actividades motoras con demandas cognitivas (McFayden et al, 2017). Aún queda mucho camino para llegar a estandarizar y dotar de fiabilidad y validez a este tipo de tareas, pero no hay duda de que suponen una vía interesante que explorar para incrementar la validez ecológica de nuestro trabajo. Aunque no me quiero detener en este punto por extender más la entrada, dejo algunas referencias bibliográficas que muestran hacia dónde se dirige la neurorrehabilitación mediante el uso de tareas duales en diversas poblaciones, tanto con daño cerebral sobrevenido como enfermedades neurodegenerativas, o mediante el uso de tecnología como Estimulación Magnética Transcraneal y exergames (Ghai et al., 2017; Liu et al., 2017; Wajda et al., 2017; McIsaac et al., 2018; Werner et al., 2018; Lemke et al., 2019; Goh et al., 2020). Cuando mí día a día me lo permita, escribiré específicamente sobre el uso y evidencia de tareas duales en rehabilitación.

Por último, vamos a mirar más allá del árbol para ver el bosque. En el fondo del cajón conceptual que son las tareas duales se esconde una idea que, aunque moderna y explícitamente compartida por casi todos nosotros, necesita ser sacada a la luz y expuesta abiertamente. Una de las limitaciones más evidentes que lastran el avance en el conocimiento y la atención que prestamos a los pacientes con alteraciones neurológicas es su compartimentalización o despiece clínico. Se estudian déficit sensoriales, sensitivos, motores, cognitivos, de la comunicación, autonómicos, etc., pero aún no hemos creado ni las herramientas ni el tejido asistencial adecuado para su valoración integral. Tomando por valoración integral no sólo el hecho de ser capaces de listar todos y cada uno de estos signos clínicos, sino de establecer relaciones de influencia mutua o bidireccional entre ellos. Por ejemplo, en la valoración y caracterización clínica de pacientes con Esclerosis Múltiple y Parkinson se usan escalas como la Escala Expandida del Estado de Discapacidad (EDSS) y la Clasificación por Estadíos de Hoehn y Yahr, respectivamente, que únicamente tienen en cuenta el estado motor del paciente, obviando tanto el estado cognitivo como la repercusión combinada de ambos factores sobre el estado general y la capacidad funcional del paciente. Por otro lado, no es menos cierto que los cada vez más comunes equipos de neurorrehabilitación son el caldo de cultivo propicio para paliar este déficit, y en daño cerebral sobrevenido se avanza a buen ritmo en este sentido, pero en el caso de las enfermedades neurodegenerativas aún existen serias lagunas y retos que logar, por ejemplo, a la hora de afinar en el diagnóstico precoz y diferencial, o de caracterizar cada fase, e, incluso, en la predicción y descripción del curso evolutivo de cada enfermedad neurodegenerativa. Respecto a esto último se puede consultar el trabajo de Belghali et al., (2017), donde se revisa la pertinencia del uso de tareas duales para la valoración de pacientes en fase prodrómica de enfermedades como el Parkinson y el Alzheimer, y su valor como marcadores tempranos y pronósticos de la evolución clínica de los pacientes. Por ejemplo, en un estudio longitudinal llevado a cabo por Gillain et al. (2016) se observó por primera vez que, bajo condiciones de tarea dual, aquellos sujetos que mostraban deterioro de la velocidad y variabilidad de la marcha tenían más riesgo de avanzar de DCL a Alzheimer. Y, de forma más concreta, emplear un paradigma de tarea dual que combine tareas de marcha junto a tareas cognitivas de control de inhibición, por un lado, y tareas de marcha y de flexibilidad cognitiva, por otro, podría aportar, respectivamente, valor a la detección de Alzheimer y Parkinson prodrómicos (Belghali et al., 2017) (figura 6). Todo lo anterior son aún ejemplos puntuales, pero dicen mucho sobre el camino que se está iniciando en cuanto a la integración de cognición y movimiento en nuestros protocolos tanto de valoración como de intervención.

 

Marcha

Figura 6. (A) Explicación de las alteraciones de la marcha por disfunción de la corteza prefrontal y del control atencional en Alzheimer preclínico (trastorno cortical de la marcha), y alteraciones de la marcha por disfunción de los ganglios basales y de la automaticidad en Parkinson preclínico (trastorno cortico-subcortical de la marcha). (B) Diseño de protocolo de evaluación de la marcha mediante paradigma de tarea dual empleando tareas cognitivas concretas (control inhibitorio para Alzheimer y flexibilidad cognitiva para la Parkinson), teniendo en cuenta la priorización de tareas (efectos de compensación) y los factores conocidos por modular la susceptibilidad a la interferencia de doble tarea (edad, género, velocidad de procesamiento, estrés y reserva cognitiva) (Belghali et al., 2017).

 

FIN DE LA PRIMERA PARTE. CONTINUARÁ… 

Fdo: Ángel Martínez Nogueras

Enlace de descarga del texto en pdf:

Un repaso al paradigma de tarea dual desde la neuropsicología

Bibliografía

Abernethy, B. (1988). Dual-task methodology and motor skills research: some applications and methodological constraints. Journal of Human Movement Studies, 14(3), 101-132.

Auvinet, B., Touzard, C., Montestruc, F., Delafond, A., & Goeb, V. (2017). Gait disorders in the elderly and dual task gait analysis: a new approach for identifying motor phenotypes. Journal of neuroengineering and rehabilitation, 14(1), 7.

Bayot, M., Dujardin, K., Tard, C., Defebvre, L., Bonnet, C. T., Allart, E., & Delval, A. (2018). The interaction between cognition and motor control: A theoretical framework for dual-task interference effects on posture, gait initiation, gait and turning. Neurophysiologie Clinique.

Belghali, M., Chastan, N., Davenne, D., & Decker, L. M. (2017). Improving Dual-Task Walking Paradigms to Detect Prodromal Parkinson’s and Alzheimer’s Diseases. Frontiers in neurology, 8, 207. https://doi.org/10.3389/fneur.2017.00207

Belghali M, Chastan N, Cignetti F, Davenne D, Decker LM. Loss of gait control assessed by cognitive-motor dual-tasks: pros and cons in detecting people at risk of developing Alzheimer’s and Parkinson’s diseases. Geroscience. 2017;39(3):305–329. doi:10.1007/s11357-017-9977-7.

Caligiore, D., Pezzulo, G., Baldassarre, G., Bostan, A. C., Strick, P. L., Doya, K., … & Lago-Rodriguez, A. (2017). Consensus paper: towards a systems-level view of cerebellar function: the interplay between cerebellum, basal ganglia, and cortex. The Cerebellum, 16(1), 203-229.

Canning, C. G., Ada, L., & Paul, S. S. (2006). Is automaticity of walking regained after stroke? Disability and Rehabilitation, 28(2), 97-102.

Chen, E. H., & Bailey, D. H. (2020). Dual-task studies of working memory and arithmetic performance: A meta-analysis. Journal of experimental psychology. Learning, memory, and cognition, 10.1037/xlm0000822. Advance online publication. doi:10.1037/xlm0000822

Clark, D. J. (2015). Automaticity of walking: functional significance, mechanisms, measurement and rehabilitation strategies. Frontiers in human neuroscience, 9, 246.

Dosenbach, N. U., Fair, D. A., Cohen, A. L., Schlaggar, B. L., & Petersen, S. E. (2008). A dual-networks architecture of top-down control. Trends in cognitive sciences, 12(3), 99-105.

Fritz, N. E., Cheek, F. M., & Nichols-Larsen, D. S. (2015). Motor-Cognitive Dual-Task Training in Persons With Neurologic Disorders: A Systematic Review. Journal of neurologic physical therapy: JNPT, 39(3), 142–153. doi:10.1097/NPT.0000000000000090.

Fritz NE, Hamana K, Kelson M, Rosser A, Busse M, Quinn L. Motor-cognitive dual-task deficits in individuals with early-mid stage Huntington disease. Gait Posture. 2016;49:283–289. doi:10.1016/j.gaitpost.2016.07.014.

Gao, L., Zhang, J., Hou, Y., Hallett, M., Chan, P., & Wu, T. (2017). The cerebellum in dual-task performance in Parkinson’s disease. Scientific reports, 7(1), 1-11.

Ghai, S., Ghai, I., & Effenberg, A. O. (2017). Effects of dual tasks and dual-task training on postural stability: a systematic review and meta-analysis. Clinical interventions in aging, 12, 557.

Goh, H. T., Connolly, K., Hardy, J., McCain, K., & Walker-Batson, D. (2020). Single session of repetitive transcranial magnetic stimulation to left dorsolateral prefrontal cortex increased dual-task gait speed in chronic stroke: a pilot study. Gait & Posture.

Kelly, V. E., Eusterbrock, A. J., & Shumway-Cook, A. (2012). A review of dual-task walking deficits in people with Parkinson’s disease: motor and cognitive contributions, mechanisms, and clinical implications. Parkinson’s Disease, 2012.

Koziol, L. F., Budding, D., Andreasen, N., D’Arrigo, S., Bulgheroni, S., Imamizu, H., Ito, M., Manto, M., Marvel, C., Parker, K., Pezzulo, G., Ramnani, N., Riva, D., Schmahmann, J., Vandervert, L., & Yamazaki, T. (2014). Consensus paper: the cerebellum’s role in movement and cognition. Cerebellum (London, England), 13(1), 151–177. https://doi.org/10.1007/s12311-013-0511-x.

Lemke, N. C., Werner, C., Wiloth, S., Oster, P., Bauer, J. M., & Hauer, K. (2019). Transferability and sustainability of motor-cognitive dual-task training in patients with dementia: a randomized controlled trial. Gerontology, 65(1), 68-83.

Leone, C., Feys, P., Moumdjian, L., D’Amico, E., Zappia, M., & Patti, F. (2017). Cognitive motor dual-task interference: A systematic review of neural correlates. Neuroscience & Biobehavioral Reviews, 75, 348–360.

Li, K., Bherer, L., Mirelman, A., Maidan, I., & Hausdorff, J. M. (2018). Cognitive Involvement in Balance, Gait and Dual-Tasking in Aging: A Focused Review From a Neuroscience of Aging Perspective. Frontiers in neurology, 9, 913. https://doi.org/10.3389/fneur.2018.00913

Liu, Y. C., Yang, Y. R., Tsai, Y. A., & Wang, R. Y. (2017). Cognitive and motor dual task gait training improve dual task gait performance after stroke-A randomized controlled pilot trial. Scientific reports, 7(1), 1-8.

Maier, M., Ballester, B. R., & Verschure, P. (2019). Principles of Neurorehabilitation After Stroke Based on Motor Learning and Brain Plasticity Mechanisms. Frontiers in systems neuroscience, 13, 74. doi:10.3389/fnsys.2019.00074.

Manicolo, O., Grob, A., & Hagmann-von Arx, P. (2017). Gait in children with attention-deficit hyperactivity disorder in a dual-task paradigm. Frontiers in psychology, 8, 34.

McFadyen, B. J., Gagné, M. È., Cossette, I., & Ouellet, M. C. (2017). Using dual task walking as an aid to assess executive dysfunction ecologically in neurological populations: A narrative review. Neuropsychological Rehabilitation, 27(5), 722–743.

McIsaac, T. L., Lamberg, E. M., & Muratori, L. M. (2015). Building a framework for a dual task taxonomy. BioMed research international, 2015.

McIsaac, T. L., Fritz, N. E., Quinn, L., & Muratori, L. M. (2018). Cognitive-Motor Interference in Neurodegenerative Disease: A Narrative Review and Implications for Clinical Management. Frontiers in psychology, 9, 2061. doi:10.3389/fpsyg.2018.02061

Montero-Odasso, M., & Hachinski, V. (2014). Preludes to brain failure: executive dysfunction and gait disturbances. Neurological Sciences, 35(4), 601-604.

Montero-Odasso, M. M., Sarquis-Adamson, Y., Speechley, M., Borrie, M. J., Hachinski, V. C., Wells, J., Riccio, P. M., Schapira, M., Sejdic, E., Camicioli, R. M., Bartha, R., McIlroy, W. E., & Muir-Hunter, S. (2017). Association of Dual-Task Gait With Incident Dementia in Mild Cognitive Impairment: Results From the Gait and Brain Study. JAMA neurology, 74(7), 857–865. https://doi.org/10.1001/jamaneurol.2017.0643

Nudo, RJ (2013). Recuperación después de una lesión cerebral: mecanismos y principios. Fronteras en neurociencia humana, 7, 887.

Plummer-D’Amato, P., Brancato, B., Dantowitz, M., Birken, S., Bonke, C., & Furey, E. (2012). Effects of gait and cognitive task difficulty on cognitive-motor interference in aging. Journal of aging research, 2012.

Plummer, P., Villalobos, R. M., Vayda, M. S., Moser, M., & Johnson, E. (2014). Feasibility of dual-task gait training for community-dwelling adults after stroke: a case series. Stroke research and treatment, 2014.

Plummer, P., Eskes, G., Wallace, S., Giuffrida, C., Fraas, M., Campbell, G., Clifton, K., Skidmore, E. R., & American Congress of Rehabilitation Medicine Stroke Networking Group Cognition Task Force (2013). Cognitive-motor interference during functional mobility after stroke: state of the science and implications for future research. Archives of physical medicine and rehabilitation, 94(12), 2565–2574.e6. https://doi.org/10.1016/j.apmr.2013.08.002.

Rachal, L., Swank, C., Trudelle-Jackson, E., & Driver, S. (2019). Reliability and clinical feasibility of measuring dual-task gait in the inpatient rehabilitation setting following traumatic brain injury. Physiotherapy theory and practice, 35(12), 1336-1342.

Segev-Jacubovski, O., Herman, T., Yogev-Seligmann, G., Mirelman, A., Giladi, N., & Hausdorff, J. M. (2011). The interplay between gait, falls and cognition: can cognitive therapy reduce fall risk? Expert review of neurotherapeutics, 11(7), 1057-1075.

Singh, A. K., Phillips, F., Merabet, L. B., & Sinha, P. (2018). Why does the cortex reorganize after sensory loss? Trends in cognitive sciences, 22(7), 569-582.

Useros Olmo, A. I., Periáñez, J. A., & Miangolarra Page, J. C. (2015). Efectos de la actividad motora en el rendimiento cognitivo de pacientes con traumatismo craneoencefálico durante tareas duales. Rev. neuro. (Ed. impr.), 61(5), 202-210.

Vaportzis, E., Georgiou-Karistianis, N., Churchyard, A., & Stout, J. C. (2015). Dual task performance may be a better measure of cognitive processing in Huntington’s Disease than traditional attention tests. Journal of Huntington’s disease, 4(2), 119-130.

Wajda, D. A., & Sosnoff, J. J. (2015). Cognitive-motor interference in multiple sclerosis: a systematic review of evidence, correlates, and consequences. BioMed research international, 2015.

Wajda, D. A., Mirelman, A., Hausdorff, J. M., & Sosnoff, J. J. (2017). Intervention modalities for targeting cognitive-motor interference in individuals with neurodegenerative disease: a systematic review. Expert review of neurotherapeutics, 17(3), 251-261.

Werner, C., Rosner, R., Wiloth, S., Lemke, N. C., Bauer, J. M., & Hauer, K. (2018). Time course of changes in motor-cognitive exergame performances during task-specific training in patients with dementia: identification and predictors of early training response. Journal of neuroengineering and rehabilitation, 15(1), 100.

Wu, T., Liu, J., Hallett, M., Zheng, Z., & Chan, P. (2013). Cerebellum and integration of neural networks in dual-task processing. Neuroimage, 65, 466-475.

Yang L, Lam FMH, Liao LR, Huang MZ, He CQ, Pang MYC. Psychometric properties of dual-task balance and walking assessments for individuals with neurological conditions: A systematic review. Gait Posture. 2017;52:110–123. doi:10.1016/j.gaitpost.2016.11.007

Zeng, J., Wang, J., Wang, X., Li, N., Ge, S., & Luo, T. (2016). Effects of dual-task on gait and cognition in patients with advanced Parkinson’s disease during ‘on’or ‘off’medication state. Int. J. Clin. Exper. Med, 9, 16432-16440.

Acerca de neurobase

http://www.neurobase.es
Esta entrada fue publicada en Demencias, evaluación neuropsicológica, Sin categoría, Traumatismo craneoencefálico y etiquetada , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s